Iguatu

“Una iguana igual que tú”

Un lagartijo

que hiba con su catimba

por un largo caminar.

Quería su canto

pa’ poder hechar

su catimba a pasear.

Caminó

catimbeao’

y…

<pun tu ku ta ran tan tan pam >

en las aguas se mojó.

Por unas jaldas lo siguió.

Derechiiiito;

hasta que encontró

un rincón

y dijo:

“¡Uhh, me gusta este lugar!

¡Aquí, aquí no hay catimba que valga!

Aquí voy a cambumbear.“

Así lo hizo

por día y noche,

hasta que la cambumbea

fue un revolu’.

En lo qué,

el lagartijo

con mucho cuidao’

miro pa’ ambos lados.

Pensó parao’

por un rato

y se marchó

de aquel rincón

que lo había susubaneao’.

Atrás dejó todo.

Rincones, jaldas, aguas, catimbas,

cambumbeas, etc.

-¡Pero cuántos caminos! ¡Voy a recorrerlos todos!-

Caminos constantes,

caminos parlantes,

y otros contrastes.

Ya iría mareao’ el lagartijo,

qué se había turbao’

entre tanto enredo.

Miraba pa’ atrás

pa’ hacer memoria,

mas sus patas

tiraban pa’lante.

En el recorrido,

encontró un juey

y le preguntó:

-¡Oye juey! ¿Hasta que jaldas llegas tú?-

-Hasta dónde dé mi agua.-

Le contestó el juey.

Haciendo con su pinza al aire

<click – clack>

y señalando la cueva que guardaba su reserva.

Le contó de su conexión con el mar,

de un clan al que pertenecía,

de cómo se repartían el canto

pa’ cada uno poder tener su reserva.

El lagartijo no entendió

y se marchó a otras tierras.

Llegó al monte,

donde encontró…

¡Murciélagos!

Antes de él preguntar

ya a coro

se oía:

-¡Sómos murciélagos y estamos juntos para aprovechar el canto…

…salimos de noche, tenemos encanto; si disfrutar de la cueva quieres, aporta a este bando!-

Un chillar

hizo correr al lagartijo

a las entrañas de la montaña.

-¡Ya me cansé de estos terrestres!

Pensaba mientras merodeaba,

ya perdido

en las pámpanas.

Al rato,

paso una sombra que tapó

la bola del cielo;

que energía le daba

en las mañanas

y le grito:

<phiiiiiiiiiiiiiuuu>

-Cuidao’ con las cuerdas

que ahí se trabaja

y hay una cosa larga que

en lo que te tira la trampa

te hace la cama.-

<phiiiiiiiiiiiiiuuu>

Lo siguió,

sin siquiera detenerse.

Era un guaraguao.

A el lagartijo

no le dio tiempo pa’ pensar

menos pa’ razonar.

Siguió con su caminar

pa’ lante;

y el ave voló.

Dejando el monte,

corrió persiguiendo la sombra.

Se arresmillo’ con la pángola

que su cuerpo rozaba.

Se escabulleo’ de las mangostas

que lo corrieron gritando juntas:

-Aquí no hay lagartijo que valga;

aquí hay hambre

y tú

das pa’ llenarme la panza.-

<Tdtdtdtdtdttddtdtdtdtdttdtd>

Aturdido,

llegó a un sitio lindo y plano.

Dónde misteriosamente,

no habían insectos ni gusanos.

Le decían ahí a ese canto,

‘El santo’

-Hay que canto lindo

no llegan depredadores

ni los pastos crecen alto.

¿Será este mi canto? –

Pensó.

Antes de entrar,

se topó

con un culebrón

Medio guillao’ y ya enroscao’

le dijo:

-¡Cuidado!

¡Ahí hay veneno en todos lados!

Ya mis viejos perdieron las patas

por no hacer caso.

Antes del ocaso

te vas a dar cuenta.

Lo que hoy buscas,

mañana lo encuentras.-

FIN.

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